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10 días de retiro de meditación Vipassana

25 marzo, 2016

Súbitamente comprendí que todas las cosas sólo van y vienen incluido cualquier sentimiento de tristeza: también se irá: triste hoy alegre mañana: sobrio hoy borracho mañana ¿Por qué inquietarse tanto?
Jack Kerouac

El retiro

Meses atrás, coincidiendo con un momento en los que tenía que convivir con unos niveles de estrés y ansiedad considerables, llegué a un artículo que hacía referencia a unos retiros de meditación de 10 días de duración. Sólo unos minutos después, me encontraba intentando descubrir cómo apuntarme.

Pasé un buen rato informándome hasta descubrir que se realizan cursos en un centro llamado Dhamma Neru, cerca de Barcelona. Era una magnífica oportunidad así que rellené el formulario y, después de unas semanas en lista de espera, me confirmaron la plaza.

Sin más, llegado el día y con la mochila en la espalda, me despedí de mi gente; algunos viéndome ya abducido por alguna secta peligrosa. Por otra parte un razonamiento totalmente comprensible teniendo en cuenta que la Asociación comparte ciertos rasgos con las sectas, cómo tener que seguir ciertas normas estrictas, sobre bajo una mental liberal.

Aunque personalmente me considero una persona bastante crítica, agnóstica y independiente respecto a cualquier rito y autoridad -llegando a apostatar de la Iglesia Católica– también a mi me acompañaba cierto sentimiento de desconfianza, aunque no lo suficientemente sólido cómo para evitar mi partida hacía Dhamma Neru.

Llegué a la estación de Santa María Palau Tordera el mediodía del 2 de Marzo dónde nos esperaba una furgoneta que nos recogió a dos chicas y a mí. La presencia femenina, pero, duraría poco; justo llegar al Centro dio inicio la segregación por sexos (la vida en el centro es prácticamente monástica, compartiendo únicamente la sala de meditación). Rellenada la hoja de llegada, aún con el bolígrafo en la mano, me pidieron el móvil y cualquier material de lectura para cumplir con los preceptos del centro (cero contacto con el exterior). Poco después, ese mismo día me descubrí hurgando instintivamente en los bolsillos a cada momento y reaccionando con sobresalto al descubrir que mi móvil no estaba ahí; al final me reía de mí mismo al darme cuenta de mi repetitiva y sobreexagerada reacción.

Al poner un pié en ese lugar, y aunque casi no sabes ni dónde te estás metiendo, la paz que se respira te da las fuerzas necesarias para el paso que vas a llevar a cabo. Iba a pasar diez días en un edificio armonioso, rodeado por la naturaleza de las faldas del Montseny, que me recordaba a las típicas casas tradicionales japonesas, con un patio interior cuadrado y jardines de simpleza zen en alto contraste con los participantes que iban llegando poco a poco, caminando de aquí para allá con aire desconcertado y cierta melancolía en sus caras; casi podía leer en ellas la inquietud interior que les había llevado hasta ahí.

Me pasé un buen rato callado, observando los caminares y los grupitos de nuevos y antiguos estudiantes (así llaman a los participantes), y entonces empezó la charla inicial dónde te explican las normas del centro y al salir de ella ¡shht! empezaba el Noble silencio, es decir, la prohibición de hablar con nadie durante 10 días a excepción de la posibilidad de dirigir preguntas a los voluntarios del centro (manager, cocineros, etc) y al profesor del curso.

Dando fin a la charla entramos en el Dhamma Hall -o sala de meditación- dónde, después de escoger entre el abanico de mantas, cojines, sillas y taburetes de meditación, empezaba la experiencia. Fue entonces cuando descubrí que el auténtico profesor iba a ser S.N. Goenka, un industrial birmano que, buscando una cura para su migraña, acabó conociendo y enseñando una practica de meditación laica enseñada por el buda Siddharta Gautama 2.500 años atrás; técnica que, estando a las puertas de la extinción en su forma más pura, sobrevivió en Birmania, alejada de cualquier religión que pudiera corromperla. Hace ya varios años que S.N. Goenka murió pero, cómo su método en la difusión de la práctica se considera muy bueno, se mantiene su enseñanza mediante sus audios, entre otras cosas, para preservar la enseñanza de la meditación de la forma más pura posible y así pueda ser utilizada por cualquier persona independientemente de su sistema de creencias. Ahora sí, iba a pasar 10 días escuchando a ese hombre; sus interesantes enseñanzas y sus horribles cualidades de canto.

Entendiendo la Vipassana

Mediante esta técnica de meditación que aprendimos, la Vipassana, se pretende entender, mediante la experiencia personal -en contraposición con la simple comprensión intelectual o la fe ciega- la naturaleza cambiante de la vida y los procesos que llevan a la desdicha; condición humana que sufrimos todos en mayor o menor medida al ser incapaces de tomar el control en la situaciones de deseo y aversión que aparecen en nuestro día a día cómo también al dejarnos llevar por procesos de identificación descomedida con nuestro propio ego. Aclaración: Esto no significa que tengamos que dejar de actuar o dejar de ser nosotros mismos, sino dejar de reaccionar sin control delante de tales situaciones.

Nuestras vidas son una realidad siempre cambiante; ahora suceden cosas que nos gustan mientras que momentos después suceden aquellas cosas que nos desagradan; el problema surge cuando nos apegamos tanto a alguna de estas situaciones y damos pie a estados en los que empezamos a reaccionar alimentando una rueda de la desdicha que empieza a crecer cómo una imparable bola de nieve cuesta abajo.

Imaginaos al perro que a diario, a la hora del café, le ofrecen una golosina. El perro, sólo escuchar la cafetera, empezará a salivar y a pedir la golosina. Si un día no la obtiene empezará a llorar, a desear la golosina. Su apego hacía la golosina es tal que cuando no la tiene siente una gran desdicha.

Mirar hacia dentro

Excepto raras excepciones solemos vivir siempre de cara el exterior pues, la gran cantidad de estímulos y la naturaleza de nuestros sentidos, nos llevan a centrar nuestra atención hacía fuera, convirtiendo, nuestro interior, nuestro propio cuerpo, en un gran desconocido. La capacidad de ser conscientes de lo que sucede dentro del cuerpo se atrofia.

Esto es justo lo que pretende solventar la meditación Vipassana; al observar lo que sucede en el propio cuerpo y entender su naturaleza cambiante, al agudizar la atención en los procesos bioquímicos que ocurren a cada momento y ser capaces de reconocer los cambios en la respiración, en el ritmo cardíaco o la tensión muscular que sucede cuando pensamientos positivos o negativos aparecen en nuestra mente, somos capaces de identificar todos esos procesos justo cuando están apareciendo y, al reconocer el momento en que la mecha del cóctel molotov ha sido encendida por algo que nos sucede, somos capaces de observarla y entrenar nuestra capacidad de no reaccionar; de esta forma dejamos de alimentarla y acaba por apagarse. Reconocer lo que sucede en el cuerpo en cada situación nos permite tomar el control; es fácil reconocer la ira poniendo atención a los cambios que produce en el cuerpo pero en cambio, intentar frenar la ira contra alguien o algo sólo con el intelecto se convierte en una tarea titánica en un bucle de pensamientos negativos que se autoalimentan; se hace imposible, mediante el intelecto, observar la ira con objetividad sin dejarnos llevar por ella.

doghappy

Ya, te comprendo, todo esto te huele al típico libro de autoayuda, sobretodo en este momento en que llenar el vacío existencial se ha convertido en un producto de consumo más. Pero más allá de la cháchara, esta técnica trata de experimentación, de enfocar la atención en un territorio inexplorado de ti mismo. La Vipassana no se trata de ser siempre feliz sino de aprender la manera de desarrollar cierta ecuanimidad o impasibilidad sana ante situaciones que nos producen deseo o aversión.

Haced un ejercicio. Identificaos con las posibles reacciones en esta situación y analizar cómo reaccionaríais. Es una situación muy corriente, pero podéis extrapolarla a cualquier situación de vuestras vida independientemente de su profundidad.

Voy conduciendo con mi pareja por la autovía y, de golpe, un bache en la calzada provoca el pinchazo de una rueda. Llamo al seguro pero el servicio de grúa va a tardar 2 horas en llegar. No hay manera de que lleguemos a la función de teatro que hacía días que esperaba con ansia.

a. Sin darme cuenta mi respiración se acelera, mi pulso también, empiezo a sentir calor por todo el cuerpo. Empiezo a pensar que soy un desgraciado, que esto no puede estar pasándome. Dirijo cuatro fuertes patadas a la rueda del coche y suelto veinte tacos. Cuatro patadas más. Por descontado, pegarle a un trozo de caucho, lo va a solucionar todo.

b. Debido a mi estado alterado empiezo a soltar reproches a mi pareja por cualquier comentario que salga de su boca y empiezo a pensar ¿Por qué coño no se ha vestido más rápido? ¡habríamos salido con más tiempo, habríamos podido llegar! ¡Siempre igual, siempre igual!

c. Empiezo a ponerme nervioso y llego a faltar al respeto al teleoperador de la compañía de seguros y a la trabajadora de la empresa de grúas. ¡Menudos incompetentes! ¡Si sólo fueran la mitad de perfectos que yo esto no habría pasado y ahora estaríamos en el hall del teatro! ¿Cómo me están haciendo esto a mi? ¿Es que no saben quien soy?

d. Empiezo a echar las culpas de todas mis desgracias al Gobierno, a los trabajadores de carreteras, a mi sueldo que no me permite una casa más cerca de la ciudad, a los plátanos por ser amarillos y a las peras por ser verdes.

e. Empiezo a pensar…¡ya lo tengo! El origen de mi desdicha es mi coche ¡esa gran basura con ruedas! Ya hace tiempo que llevo pensándolo, es un coche antiguo ¡sin tan siquiera reproductor MP3! Seguro que si tuviera un coche nuevo, con ruedas en condiciones y una buena amortiguación esto no hubiera pasado. ¡Sería tan feliz!

e. Paso las siguientes dos semanas desdichado: ¡Ay, si hubiera podido ver esa obra de teatro! ¡Ahora sería tan feliz, tenía tantas ganas! Ahora tengo que esperar dos largas semanas hasta la próxima función, ¡soy tan infeliz por tener que esperar tanto! Me pongo nervioso, mi corazón empieza a palpitar rápido, mi respiración se acelera y mis piernas se ponen en tensión; todo un remolino de pensamientos negativos respecto a mi pareja, mi coche, mi gobierno, mi compañía de seguros me absorbe. Ese remolino se ha convertido en un huracán pero yo ni me he dado cuenta. En cierto momento, un compañero de trabajo, comete un error y yo, aún en tensión, le respondo bruscamente dando paso a otro remolino de culpa y desdicha.

f. Tengo la habilidad de reconocer la ira y la desdicha cuando empieza a aparecer, percibo que mi respiración se acelera, que mi pulso aumenta y que una ola de calor recorre mi cuerpo. Lo observo, no reacciono, lo observo. Lo acepto. Respiro. Y esa negatividad va perdiendo fuerza. Desaparece. Un remolino había empezado a surgir pero lo he calado a tiempo, ahora sólo soy un estanque en calma. Reconozco la naturaleza cambiante de la vida; ahora pueden pasar cosas que me pueden gustar y después cosas que me disgustarán. Sí, esta es una que me disgusta, pero no voy a dejar que esta situación se apodere de mí. Me doy cuenta de que aunque lo que acaba de pasar no me gusta no voy a dejar que me absorba, no voy a dejar que la voz que hay en mi cabeza tome el control.

Y bien, ¿Con que reacciones os habéis sentido más identificados?

La técnica

El proceso de aprendizaje de la técnica se divide en:

  • Meditación Anapana (hasta el tercer día); consiste en centrar la atención en la respiración de la nariz y observar los cambios que van sucediendo en esa zona mientras se afina la percepción (normalmente abarrotada por los pensamientos y estímulos externos). De esta forma te vas dando cuenta de algo a lo que nunca prestamos atención; que nuestra capacidad de percibir cosas en nuestro propio cuerpo es mayor de lo que creemos y que, con entrenamiento, se puede llegar a sentir hasta el mínimo roce de la respiración en cada parte diminuta de la nariz.
  • Meditación Vipassana (del cuarto al décimo día): una vez afinada la percepción sobre el cuerpo se trata de ir pasando la atención de la cabeza a los pies y de los pies a la cabeza, sin parar y prestando máxima atención a cada zona. Haciéndolo te vas dando cuenta que hay partes del cuerpo que es fácil de percibir y otras que son más bien puntos ciegos, zonas dónde sientes dolor y otras dónde sientes vibración (por ejemplo las manos). Poco a poco, a fuerza de pasar la atención por todo el cuerpo, se van percibiendo cada vez más partes del cuerpo y te das cuenta de que las sensaciones van cambiando; por ejemplo, dónde antes había dolor, ahora no, o al contrario. Esta experiencia te ayuda a comprender la naturaleza cambiante de cuerpo. A medida que vas realizando esta meditación van pasando por tu mente, de vez en cuando, pensamientos de apego o aversión de tu pasado que producen reacciones en el cuerpo y, gracias a que prestas toda tu atención en él, eres capaz de percibirlas así es cómo vas entrenando tu ecuanimidad; aparece un pensamiento en tu cabeza y, en vez de reaccionar, en vez de darle coba a tu mente, simplemente te mantienes neutral, no reaccionas y, sorprendentemente, el pensamiento se va tal cual apareció dejando una sensación de calma y control muy agradable.

Es normal que, al cabo de un tiempo, tu percepción esté tan afinada que sientas una vibración por todo el cuerpo (lo cual es normal si tenemos en cuenta que el cuerpo no es algo estático, sino que se mueve y cambia a cada momento) y por mi parte experimenté en alguna ocasión que no sentía mi cuerpo, ni dolor ni sensaciones agradables; en ese momento ya podía estar de pié, estirado o sentado que no importaba.

También experimenté algunos momentos fugaces de una especie de silencio total, esa voz interior se apagó por unos segundos. Es difícil de explicar pero sentí que era simplemente yo, sin más. En esos momentos una sonrisa mecánica pero llena de sentido aparecía de golpe en mi cara. Siempre según la tradición budista, mediante la práctica de Vipassana u otras técnicas, puedes llegar a aumentar estos momentos de lucidez hasta llegar a la iluminación que es cuando, dicen, te liberas del sufrimiento pasado y futuro y eres capaz de ser consciente de la no-dualidad de la existencia, es decir, que ya no te percibes cómo parte separada del mundo material sino cómo parte del todo; llegando a entender por completo la naturaleza de la existencia y ser más consciente del presente.

A partir del cuarto día, además, es obligatorio meditar en Additthana, es decir, pasar una hora entera en la misma postura, sin moverse, por lo menos tres veces al día. De esta forma se evita la desconcentración y se trabaja la fuerza de voluntad además del desapego; durante esa hora solían pasar por nuestras cabezas varios pensamientos deseando que esa hora finalizara YA lo que se convertía en una buena oportunidad para identificar un deseo y los cambios que producía en el cuerpo (nervios en las piernas, pensamiento en cadena, latidos, etc). Otras veces, cuando la concentración era plena, parecía que sólo hubieran pasado unos minutos; es curioso cómo funciona la percepción del tiempo.

Las normas del curso pueden parecer una medida autoritaria o un mecanismo de control pero hay que llegar a entender su función; cuando te piden mantener el silencio, no tener contacto físico, Addithana, no tener contacto con el exterior, no leer ni escribir, no robar, no matar, no mentir… lo hacen para que sea más fácil mantener la mente en calma y así facilitar la meditación. Aunque es cierto que, algunas de ellas, llamadas Sila, son también normas morales.

Puede parecer gracioso, pero la norma que más me costó cumplir fué la de No matar, sobretodo intentando mantener mi ecuanimidad cuando una pequeña tarántula apareció justo debajo de mi mochila.

Durante estos 10 días un golpe de bong nos despertaba a las 4 de la mañana y empezábamos a meditar hasta las 9 de la noche. No os voy a engañar, ha sido una de las experiencias más duras de mi vida y cada noche contaba los días para acabar pero, al fin y al cabo ahí seguíamos todos, cada mañana, meditando y manteniendo la actitud.

Cosas que experimenté, pensé y viví

        • Sueños lúcidos: Los tres primeros días tuve unos sueños increíbles en los cuales era consciente dentro de ellos, los colores eran vívidos y la simbología que en ellos había era totalmente clara en comparación con los sueños crípticos y en color pastel que suelo tener en el día a día.
        • Lucidez mental: Vi acrecentada mi capacidad de desarrollar ideas y abordar temas que en otros momentos me abrumaban; me sorprendí con la facilidad con la que ordenaba conceptos de una forma clara, cómo en un mapa conceptual.
        • Memoria: 10 días dan para pensar mucho y generar muchas ideas pero, cómo una de las reglas del curso es no utilizar ningún tipo de escritura me obligué a cumplirla así que, durante diez días creé un bloc de notas mental dónde guardé toda esa información. Me sorprendí una vez más al ver que mi memoria no es tan ineficiente cómo suelo creer y el último día me apresuré a apuntarlo todo sin olvidar nada.
        • El acto de comer: Después de 10 días comiendo sólo fue muy interesante darse cuenta de que comer es uno de nuestros actos más sociales, sin ir más lejos el último día, cuando ya podíamos hablar, nos tuvieron que echar del comedor. La comida que sirven era lácteo-vegetariana, con gran cantidad de cereales, legumbres y lácteos lo que hizo que mi asma volviera (semanas atrás conseguí hacer desaparecer mi asma, casi de forma completa, mediante cambios en mi alimentación, pero ese es otro tema).
        • Diferenciar entre infelicidad y desdicha: Parecerá una tontería pero fue muy importante para mi profundizar en la idea de que la infelicidad no es algo malo, sino algo pasajero y, por supuesto, también un motor de cambio. La infelicidad te impulsa a actuar, a querer cambiar la situación presente. Lo relevante aquí es desprenderse de la desdicha; dejar de sentirse una persona desdichada por que algo sucede mal, porque no tenemos algo que deseamos o por que somos infelices en un momento dado. Recordé un libro que leí hace tiempo llamado “Contra la felicidad. En defensa de la melancolía”, su lectura se hace un poco repetitiva pero aborda muy bien una de las hipocresías de nuestra sociedad; la búsqueda de la felicidad permanente alimentada por la cultura y los medios de comunicación; en el libro el autor defiende el derecho a ser infelices y explica cómo muchos personajes carismáticos tuvieron sus mejores aportaciones a la humanidad cuando se encontraban inmersos en una gran infelicidad.
        • Menos horas de sueño: Esto es algo que nos sucedió a todos y que Goenka también comenta en uno de los audios. Llegábamos a la cama y no había manera de conciliar el sueño, o nos despertábamos a las dos de la mañana de forma natural. Dormíamos entre 4-6 horas al día y nos sentíamos más despejados de lo normal.
        • Móvil nuevo: El décimo día, cuando nos dieron el móvil y lo abrí pensé que estaba ante un móvil nuevo; los colores eran muy intensos y brillantes, aunque el brillo estaba al mínimo, y las animaciones me parecían extremadamente ágiles. Supongo que al estar en contacto con pantallas y estímulos tan intensos día a día generamos cierta tolerancia que desaparece cuando nos privamos de ellos.

El último día

El último día fue una de las mejores experiencias. No os imagináis cuanta gente interesante y diferente te puedes llegar a encontrar en un sitio así. ¡Fue un regalo acabar el curso así! Llegado el momento en que nos dijeron que ya podíamos hablar nos cambió la cara a todos y, con grandes sonrisas, empezamos a compartir nuestras experiencias. Ya nada volvió a ser cómo era, la calma de los días anteriores había desaparecido y estábamos todos un poco excitados. Pero nos sentíamos vivos y sedientos por compartir nuestras experiencias.

En general sales del retiro un poco cambiado; más paciente, más dichoso, más empático, más ecuánime ante las situaciones. Lo interesante entonces es saber compaginarlo con la vida diaria y no dejar perder todo lo que has crecido por los ajetreos del día a día. El retiro te ofrece un contexto de serenidad y aislamiento que te fuerza a centrarte en esos momentos en los que no solemos profundizar; repasas todos tus monstruos, todas tus sombras, todas tus luces y todas tus alegrías para acabar dándote cuenta de que todo cambia, de que tú no eres tus pensamientos, no eres tus circunstancias, no eres tu trabajo, ni tu coche,…eso es sólo una parte de ti; tu ego. Sí, esto es algo que ya esta más que masticado, pero lo importante aquí es la identificación clara, por uno mismo, de la fuente y origen de la desdicha mediante la experimentación.

Al acabar te sugieren, además, el reto más difícil; mantener la práctica de la meditación una hora por la mañana y otra por la tarde a diario para poder disfrutar de todos sus beneficios. ¿Cuanta gente debe ser capaz de mantener eso más de dos semanas?

¿Os lo recomiendo?

Bueno, pues depende, en mi opinión creo que puede beneficiar a cualquiera; sólo por la cantidad de retos que uno supera y por salir de la zona de comfort de la vida diaria ya es suficiente justificación para participar. Es una experiencia muy dura pero, al fin y al cabo, para cruzar a la otra orilla de un río uno se tiene que mojar.

Para mí ha sido una experiencia gratificante, de aprendizaje de uno mismo, y para el resto de mis compañeros también lo fue; creo que a todos nos cambió un poco. Pero no te quedes con lo que yo te explique, investiga por internet (hay multitud de experiencias explicadas) y experimenta. La meditación Vipassana es una herramienta muy poderosa; pasar 10 días de mi vida en aprenderla ha sido, para mí, una de las mejores inversiones.

Os recomiendo también ir con mente abierta pero también con mente crítica, yo no estaba al 100% deacuerdo con las enseñanzas de Goenka y eso no tiene nada de malo, él mismo decía que teníamos que quedarnos con lo que nos sirviera, que lo importante de verdad era quedarse con la técnica Vipassana. Goenka la enseña a su manera, después cada uno tiene que quedarse con aquello que más le interese. Sus charlas están llenas de opiniones, cantos, historietas y filosofía budista y hinduista de la cual debes ser suficientemente agudo cómo para sacar la moraleja y la enseñanza matriz, la base.

Cómo apuntarse:

Accediendo al listado de cursos de la web de la Fundación que los gestiona.
Los cursos son gratuitos (se puede hacer una donación voluntaria el último día)

Consejos

        • Inscríbete a primera hora de la mañana una vez abierta la fecha de inscripción; hay tanta demanda que los cursos se suelen llenar en 1-3 horas.
        • Tapones para las orejas (enserio, no hay vipassana que pueda contra los ronquidos)
        • Antifaz para dormir